Falso amigo n.º 11: once (inglés) ≠ once (español)

once (inglés) ≠ once (español)
Once en español significa diez más uno. En inglés, una vez. La similitud se la debemos al elemento común, uno (en inglés one), que los dos idiomas heredan de la misma raíz protoindoeuropea *oinos. Al latín derivó como unus (=uno), que lo utilizó para formar undecim (=once). Al igual que les ocurrió a duodecim y a tredecim en castellano perdió la sílaba de intermedia y quedó en once. En inglés once es el resultado de añadir a one el genitivo sajón -s y convertirlo en adverbio. De igual manera que two se convierte en twice (=dos veces), all way en always (siempre) o here en hence (=desde aquí, por esto).

Como número, once tiene otro falso amigo. Escrito en cifras, 11 puede confundirse con II (=2 romano) según qué tipografía utilicemos. El “juego de números” nos remite al viejo acertijo infantil ¿cuánto es uno más uno? El sistema romano suma los dos palos y obtiene un dos, mientras que el arábigo, antes de sumar, atribuye un palo a las decenas y el otro a las unidades y obtiene once. Ciertas cosas nos gusta representarlas con numeros romanos, por ejemplo los meses del año dentro de una fecha, para diferenciarlos claramente de los números que se refieren al año o al día. Puede parecer exagerado pero, al escribir a mano una fecha, 09-11-89 se puede transformar visualmente en 09-II-89, lo que supone convertir a noviembre y a febrero en falsos amigos entre sí.

Como me estoy metiendo, once again, en camisa de once varas, paso a comentar un poco la ilustración. He utilizado la expresión once upon a time, similar a érase una vez, como excusa para utilizar el once en un contexto que le es particularmente desfavorable. El simbólico y literario. Como se encuentra entre el 10 (2 x 5, dos manos, plenitud humana) y el 12 (3 x 4, número práctico para dividir todo lo circular, desde una pizza hasta un reloj, plenitud divina) el once es un número con una simbología muy pobre. No existe un undécimo mandamiento (si acaso el “no molestar”, mira tú), no te pueden poner un once en matemáticas, sería complejo dividir el año en trimestres, semestres y cuatrimestres si sólo abarcara once meses… Cuando Judas murió, los once apóstoles restantes corrieron a buscar un doce sustituto y abandonar el incómodo número. Y no es que los números primos no tengan carga simbólica. El 3, el 5 y el 7 son números mimados por los cuentos. El 7 es el más primo de todos. Dentro de la primera decena es el único que ni genera a otro ni es generado. Los demás son parientes entre sí (2×3=6, 2×4=8, 3×3=9, 2×5=10), pero el 7 está casi a la altura del 1. Simboliza otra unidad. De ahí los siete días de la semana, las siete notas musicales, las siete artes liberales, los siete enanos de Blancanieves o las siete novias para los siete hermanos. En esta ilustración, haciendo un guiño al célebre cuento de los hermanos Grimm, elevo el número de enanos (just for once) a once. Que Blancanieves me perdone…

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